Nuestro Emblema

A los cuatro símbolos tradicionales que representan el tema central de nuestra Alianza Cristiana y Misionera, es decir la cruz, la copa, el jarro, y la corona, se une ahora el globo terráqueo.

Los cuatro primeros indican que Jesucristo es nuestro sanador, nuestro salvador, nuestro santificador, y nuestro Rey que viene pronto; mientras que el último señala nuestro propósito de llevar por todo el mundo este mensaje.

La cruz representa que Cristo es nuestro salvador.

Creemos que Jesús es el único camino hacia Dios.

 “Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí” (Juan 14:16); “Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos.” (Hechos 4:12).

La copa representa que Cristo es nuestro santificador.

Creemos en el Espíritu Santo de Dios y en su llenura, único medio por el cual podemos llevar una vida cristiana santa y victoriosa.

Jesús dijo: “Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer.” (Juan 15:5); “Como todas las cosas que pertenecen á la vida y á la piedad nos sean dadas de su divina potencia, por el conocimiento de aquel que nos ha llamado por su gloria y virtud:” (2 Pedro 1:3)

Nota: La copa representa la vasija usada en el Templo del Antiguo Testamento por el sacerdote para lavar sus pies antes de entrar al Lugar Santísimo. Significa la limpieza diaria de nuestros pecados por el poder del Espíritu Santo.

El jarro representa que Cristo es nuestro sanador.

Creemos que Jesucristo tiene poder para sanar cualquier enfermedad. 

“Y dondequiera que entraba, en aldeas, ciudades o campos, ponían en las calles a los que estaban enfermos, y le rogaban que les dejase tocar siquiera el borde de su manto; y todos los que le tocaban quedaban sanos.” (Marcos 6:56). Con su muerte en la cruz, Jesús proveyó el medio para que todos pudiésemos alcanzar la sanidad de nuestros cuerpos: “… y por su llaga fuimos nosotros curados.” (Isaías 53:5). En nuestros días, este poder se sigue manifestando porque “Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos.” (Hebreos 13:8). Podemos invocar confiadamente su gracia porque: “He aquí que no se ha acortado la mano de Jehová para salvar, ni se ha agravado su oído para oír;” (Isaías 59:1).

La corona representa a Cristo como nuestro Rey que viene pronto.

Creemos en la segunda venida de Jesucristo y en el rapto de la Iglesia.

Su venida será antes del milenio y puede ocurrir en cualquier momento. No sabemos el día ni la hora pero el que puede ocurrir en cualquier momento es lo que motiva nuestro esfuerzo misionero. Porque Jesús dijo: “Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin.” (Mateo 24:14); “Y Jesús le dijo: Yo soy; y veréis al Hijo del hombre sentado á la diestra de la potencia de Dios, y viniendo en las nubes del cielo” (Marcos 14:62)

El globo terráqueo significa nuestro propósito de dar cumplimiento a la Gran Comisión

El globo representa nuestra misión en el mundo.

El Señor urge a sus seguidores: “de gracia recibisteis, dad de gracia.” al mismo tiempo que los envía a predicar su palabra por todo el mundo.  Este llamado continuará hasta que el evangelio, mediante los esfuerzos de su Iglesia, haya alcanzado a todas las naciones y él vuelva nuevamente.  “Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, por testimonio á todos los Gentiles; y entonces vendrá el fin”. (Mateo 24:14)